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viernes, 2 de diciembre de 2016

¿Qué es el arte?

ARTE No se ha logrado obtener una definición aceptable de lo que es el arte. Quizá no sea necesario buscar esa definición, y a eso se deban los trabajos fracasados de tantos investigadores. No es posible definir el arte, porque el arte es un fenómeno único que no puede equipararse a ningún otro, como la risa, como el dolor, o como el miedo. Pero si no se puede definir el arte, sí puede caracterizársele en vista de las obras que ha producido. El fenómeno que llamamos arte es, desde luego, exclusivamente humano: sólo el hombre tiene conciencia de la emoción del arte, como sólo el hombre tiene conciencia de la muerte. En todo fenómeno artístico aparecen tres elementos: el creador, la obra y el contemplador. El creador está dotado de potencia, pero, además, de la voluntad de crear la obra de arte, en la cual prolonga su espíritu. La obra es el vínculo que ata al creador con el mundo externo. El contemplador está dotado de una potencia de arte que le permite apreciar, juzgar, criticar, pero sobre todo, sentir la emoción del arte, y sólo cuando los tres factores existen y se completan puede decirse con toda propiedad que se ha verificado íntegramente el fenómeno que llamamos arte. La naturaleza no produce arte, pero cuando un contemplador admira un paisaje y encuentra en él características que lo asimilan a las obras de arte, él mismo crea, por su capacidad receptiva; la emoción del arte. Lo mismo acontece con los pájaros, con las mariposas; con las flores. No son obras de arte; puesto que no existió intención artística al crearlas, pero el hombre que las admira, crea al contemplarlas la emoción artística. El arte es un fenómeno social. Como todos los hombres poseen un mayor o menor poder de arte, y como la emoción que produce este fenómeno conmueve profundamente el sentimiento humano, cada grupo social, cada época, posee sus artistas propios que han creado, así, una historia de la humanidad expresada en idioma artístico. El papel del historiador del arte consiste en estudiar el fenómeno artístico a través del tiempo y situarlo dentro de los pueblos que le dieron origen, a la vez que estudiar las causas sociales que pudieron influir en los artistas para de, terminar cada uno de los estilos. De más está decir, que esta definición no es absoluta. Para otros historiadores Elie Faure, por ejemplo, cuya Historia del Arte puede ser leída con placer por el lector profano la imaginación del escritor desempeña un importante papel, que está por encima de su razón discriminativa. Así, antes que estudiar el fenómeno artístico en el tiempo y el sitio y sus probables causas sociales, aspira a reconstruir mediante la imaginación las fuerzas psicológicas que debían impulsar al artista a la creación, para pensar sólo después en las razones exteriores. En suma, el historiador se imagina a si mismo artista, y se fía de su intuición. Esto, que en Elie Faure es apenas un elemento informulado, pasa a ser con los críticos e historiadores modernos Worringer, Woelflin y muchos pintores contemporáneos que escriben a la vez crítica de arte, como Lothe, Denis, etc. una escuela que da predominio a la voluntad del artista, frente a los factores exteriores sociales, históricos que pueden influir en esa voluntad. Esta es la llamada, por algunos, escuela de la Psicología del Arte. Vemos, pues, que el papel del historiador de arte, puede ser enfocado como si dijéramos desde "afuera" de la obra misma, o desde "dentro" de ella, en sus motivaciones alojadas en la voluntad individual de su creador. Pero estas dos grandes corrientes, que en suma corresponden al materialismo realista o al idealismo intuicionista, nunca se bastan exclusivamente a sí mismas, y siempre deben completarse la una a la otra, cambiando tan sólo el lugar de preferencia que se concede a cada una de ellas, según los casos. En cuanto al estilo, puede decirse, que así se llama, en arte, la diversa manera de concebir la creación. Agrupando todas aquellas creaciones semejantes en sus formas y en su historia, se organizan los que se llaman "estilos históricos", es decir, los que corresponden a una nación, como el arte egipcio, o a una época de la humanidad, como el arte ojival. Se deduce de esto que lo mismo que hemos dicho para la historia del arte, se aplica a la concepción del estilo. Y que así como se ven por un lado estilos impuestos por la historia a los artistas, se pueden ver, por otro, estilos impuestos a la historia por el artista, según sea la tendencia del historiador en cuestión. Pero lo que parece irrefutable, es que siempre el estilo se manifiesta como un fenómeno general, que se extiende a una nación o una época como ya hemos apuntado y no solamente, aunque suele usarse así también el vocablo, y no sin razón, como la forma original que tiene un artista aislado de concebir la creación. El arte es eminentemente educativo, porque nos enseña a apreciar el mundo, contemplando las obras de los artistas que supieron traducir más íntimamente que nadie las emociones de su época. Además, nos damos cuenta del carácter de la humanidad en cada época histórica por que atraviesa, y del grado de cultura que alcanzaba el arte en cada época, por la abundancia de sus obras y por la calidad más elevada de algunas. Así existen épocas en que el arte florece más rico y exuberante que en otras. A veces la decadencia del arte coincide con las grandes crisis de la humanidad: las épocas de las guerras, de las epidemias, de todas las calamidades, no son propicias para el gran desarrollo del arte. Sin embargo, en algunas ocasiones, estas calamidades despiertan en el artista emociones de insospechado vigor, en que su personalidad parece exaltarse, y traduce entonces en la tela, el mármol o el grabado sus visiones terroríficas o grandiosas de lo que ha captado su espíritu. La triste experiencia humana queda entonces eternizada y como sublimada en las obras de estos artistas. Acostumbramos dividir el estudio de la historia del arte en dos secciones: la primera comprende las artes mayores: Arquitectura, Pintura y Escultura. La segunda abarca las llamadas artes menores, que hoy se designan como artes industriales; las artes del libro, que incluyen el arte tipográfico y el grabado en sus cuatro manifestaciones: en hueco o de medallas y monedas, en madera, en metales y en litografía.

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