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lunes, 4 de enero de 2016

El arte de los tiempos prehistóricos

Se conoce con el nombre de Arte Prehistórico el que floreció en los tiempos primitivos de la humanidad, antes de que existiera la escritura. Durante la Edad de Piedra se trabajaba este material rudamente, grabándolo con huesos de animales o con pedernal. En la caverna de Altamira en España, según observación del autor, la Pintura y la Escultura parecen nacer simultáneamente, pues el hombre aprovecha las protuberancias de las rocas en la gruta para pintar con toscos colores figuras de animales: de bisontes, de mamuts, a los cuales rinde adoración. Este arte rudimentario logra a veces efectos de gran realismo, sobre todo cuando reproduce animales en movimiento. Se puede citar como uno de los ejemplares más famosos del arte prehistórico, el conjunto de pinturas que decoran la bóveda natural de la mencionada caverna de Altamira, cerca de Santander, en España. El hombre primitivo ha representado aquellos animales que para él eran más necesarios o más temibles, en una forma inolvidable para quien los ha visto. No son sólo pinturas, sino que algunas presentan el relieve de la roca, como sí el hombre, no pudiendo esculpirlas por su propia mano, aprovechara la obra de la naturaleza completándola simplemente con pintura.
BISONTE DE LA CUEVA DE ALTAMIRA. La reproducción da una idea de cómo pintaban los artistas de la Epoca Glacial, en España del Norte. El vigor y la elegancia del contorno son realmente notables revelan un seguro sentimiento artístico. Otras veces son dibujos grabados sobre la roca o sobre huesos de animales. En los museos se conservan algunas piezas que revelan un notable sentido de la forma y una observación muy fina de la realidad. Como este arte es un arte ingenuo, casi de la época en que la humanidad puede ser comparada con un niño, no fue sino hasta estos últimos tiempos cuando se apreció debidamente, y en muchas obras de artistas contemporáneos, como veremos oportunamente, pueden encontrarse influencias del arte prehistórico, en su simplicidad, en su afán de estilizar el modelo y en su espíritu desprovisto de complicación, como si fuera el de un ser inocente. Para su mejor estudio, el Arte Prehistórico se divide conforme a las diversas épocas o edades por que atraviesa la humanidad. Así, la primera división comprende dos grandes partes: la Edad de Piedra y la Edad de los Metales. La primera se subdivide en Paleolítica, o sea de la piedra sin pulir, Mesolítica, intermedia entre la anterior y la Neolítica, o edad de la piedra pulimentada. La Edad de los Metales comprende en primer lugar la del Cobre, luego la del Bronce y finalmente la del Hierro. Nos conviene, antes de cerrar este capítulo, echar un vistazo general a estos tiempos remotos de la antigüedad, pues en ellos se encierran ya los grandes ciclos artísticos que hasta el día de hoy se irán desarrollando, como grandes espirales ascendentes, en la historia de la humanidad. Tenemos, si no tan abundantes y ricos como podríamos desear, testimonios muy significativos de cada uno de los períodos prehistóricos que hemos mencionado. En la Edad de Piedra, se manifiestan ya dos características que, como serán fundamentales en toda la historia del arte, nos convendrá retener atentamente. La primera es el estilo naturalista, entendiendo por ello la representación de cosas naturales, capta. das con más o menos exactitud en toda su fisonomía particular, pero siempre lo bastante fieles a ese modelo particular como para que podamos reconocerlo; y la segunda, por el contrario, indiferente a la fisonomía particular de los objetos que se ven en la naturaleza, de los cuales hace abstracción —por lo que a esta actitud la llamaremos estilo abstracto— y más bien interesada en los rasgos generales de las cosas, comunes a todas ellas, de donde estas cosas en sí mismas se van esquematizando hasta el extremo de hacerse irreconocibles. Como los rasgos generales de las cosas suelen ser lógicamente sus líneas —rectas, curvas, quebradas— a este estilo se le llama también (y particularmente en los tiempos prehistóricos) estilo geométrico. Ejemplos del estilo naturalista, los tenemos en el Paleolítico Superior, en la Edad del Bronce, en la Antigüedad clásica, y en el Renacimiento, hasta el día de hoy. El estilo abstracto, en cambio, se observa preferentemente en el Neolítico, en la Edad del Hierro, el Medioevo, y gran parte del arte modernista actual. Como se ve, estos dos estilos parecen darse de modo alternado, como si registraran ambos extremos un movimiento de péndulo. Debe tenerse muy presente, sin embargo, que estos dos estilos no se suceden de manera rígida uno a otro, ni existen siempre de modo inequívoco y nítido en las épocas mencionadas. Así, en Micenas, el estilo de la Edad del Bronce registra un aspecto naturalista típico, mientras este mismo estilo del bronce es en Mesopotamia y Egipto menos naturalista, en el primero porque el realismo desdeña la reproducción de muchas formas particulares y carece del propósito de la exactitud, y en el segundo porque la obediencia a normas artísticas obliga al artista y a su afán realista a moverse dentro de cánones establecidos por el sacerdocio, matemáticos muchas veces, derivados sin duda de los estilos abstractos del Neolítico de donde nace todo el llamado arte del antiguo Egipto. En la misma forma, entre una época y otra se registran en infinidad de matices formas de transición, que aseguran precisamente la continuidad del arte entre estos dos estilos aparentemente antagónicos. Ejemplos de estas formas de transición los encontramos en el naturalismo esquematizado y geometrizante del Mesolítico o Epipaleolítico —transición entre el naturalismo del Paleolítico superior y el geometrismo del Neolítico— o, más moderna» mente, entre el abstraccionismo relativo del Románico medieval y su posterior naturalización progresiva en el pre-Renacimiento, que culminará en el naturalismo casi total del Renacimiento avanzado
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