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lunes, 4 de enero de 2016

El arte románico

Mientras el arte cristiano primitivo realizaba sus primeras experiencias artísticas, en las ciudades del interior de Europa las influencias dejadas por los romanos en sus colonias siguieron desarrollándose lentamente, elaborando así lo que más tarde serían las bases del arte cristiano medieval. Así, en la época de Carlomagno (742-814) se produce en el área de su imperio, y especialmente en Francia, un notable desarrollo de la miniatura en el que se van distinguiendo claramente diversas tendencias o escuelas, según los lugares en que se produce, y los manuscritos miniados carolingios se dividen en varios grupos, entre ellos los de Winchester, en Inglaterra, Metz, Tours, Reims, etc. En tiempos de los Otones (siglo X) se prolongan estas diversas escuelas miniaturistas, especialmente en Alemania. Cobran también importancia los trabajos en marfil, donde se aplica ya, como ocurriera en los manuscritos, el genio que más tarde se hará presente en la decoración de las iglesias románicas. Se llama arte románico el que florece durante los siglos XI y XII. Su nombre expresa perfectamente sus características; se deriva de Roma, pero también ha recibido la influencia bizantina. Esta palabra románico no debe confundirse ni con romano, que es el arte de la antigua Roma, ni con romántico, que designa una manifestación de arte que floreció en la primera mitad del siglo XIX, como a su tiempo veremos. El arte románico fue esencialmente arquitectónico y creó nuevas formas de monumentos para iglesias y monasterios. Por tanto la escultura es, ante todo, decorativa. Cuando el artista trata de reproducir la persona de Cristo o de los santos, lo hace de manera ingenua que recuerda el arte bizantino, en lo menudo de sus pliegues paralelos y en el alargamiento de la figura. Todos los personajes son esbeltos y algunas veces la deformación llega a la monstruosidad. Emplea frecuentemente el relieve para decorar los tímpanos de las iglesias, o sea el espacio semicircular que se alza sobre la puerta principal. Allí se coloca a Cristo en majestad o al Padre Eterno que llaman Pantócrator. Las catedrales francesas de los siglos XI y XII se encuentran decoradas con estas ornamentaciones escultóricas. Entre las más notables deben citarse la de la abadía de Vézelay, en Borgoña, y la iglesia de Moissac; pero, indudablemente, la obra más notable de la escultura románica se encuentra en España: el Pórtico de la Gloria, en la catedral de Santiago de Compostela, en Galicia, obra del siglo XII, atribuida al maestro Mateo, cuya estatuilla se encuentra al pie del pilar central del pórtico. Revela una intensa imaginación y una piedad muy profunda. Es un mundo de figuras el que cubre los tres arcos que constituyen el pórtico; la piedra se encuentra suavemente policromada, y en la actitud de cada personaje y en la expresión de sus rostros, todos diversos, vemos el genio del artista románico que se aleja ya del hieratismo de obras anteriores, para producir un monumento lleno de vida y de emoción que nos conmueve profundamente. La pintura románica es, como la escultura, fundamentalmente decorativa; los muros están decorados con pinturas al fresco de coloración sobria y oscura y este arte está sujeto a determinadas limitaciones por razón natural de la época y de las condiciones impuestas por la Iglesia. Así, las figuras de Jesús, de la Virgen y de los Apóstoles aparecen como habían sido concebidas en Oriente, y de la influencia bizantina subsiste la estilización, el alargamiento de las figuras, el pliegue de los paños y la composición rudimentaria. En el arte románico empiezan a aparecer representaciones monstruosas del infierno, de los diablos, de los condenados y de monstruos, que más tarde aprovechará el arte ojival. Otra manifestación de la pintura de esta época consiste en la decoración de manuscritos. Los más notables se guardan en Inglaterra, en el famoso Museo Británico, y revelan la misma ingenuidad de la pintura mural, pero, a la vez, el mismo lujo del arte bizantino, sobre todo en la decoración de las grandes letras mayúsculas con que comienzan los capítulos, y que se llaman capitulares.
PORTICO DE LA GLORIA. Un inundo de figuras cubre los tres arcos que constituyen el pórtico de la Catedral de Santiago de Compostela, hecho en el siglo mi por el maestro Mateo, verdadera obra maestra del arte románico.
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