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lunes, 4 de enero de 2016

Miguel Angel, pintor

La otra gran figura del Renacimiento romano es la de MIGUEL ANGEL, considerado indudablemente como uno de los genios artísticos más grandes que ha producido la humanidad. Miguel Angel fue, antes que nada, escultor, y quizás en su misma pintura encontramos más dotes escultóricas que de pintor. Las figuras de sus pinturas murales se mueven en el espacio y nos subyugan tanto como sus obras escultóricas. Hablemos de sus pinturas. En primer lugar, la decoración de la Capilla Sixtina, realizada de 1508 a 1512, en la parte de las bóvedas, y el muro del Juicio Final en la misma Capilla, de 1534 a 1541, lo que indica la grandeza, mejor dicho la enormidad de este trabajo. Cuando visitamos la Capilla Sixtina parece que nos encontramos en un mundo diverso, y así es, en efecto, el mundo que ha creado Miguel Angel. La fuerza avasalladora de su arte se nos impone de un modo casi brutal; nos sentimos anonadados, absortos por nuestra pequeñez e insignificancia frente a este artista que ha sabido crear estos mundos de maravilla, en que cada figura suya parece vivir su propia vida, dotada del fragmento de espíritu que este hombre genial supiera darle. La decoración de la bóveda comprende diversas escenas de la Creación, del Diluvio, figuras de los profetas, de las sibilas y de muchos personajes bíblicos. La característica de Miguel Angel es la fuerza: todos sus personajes presentan una musculatura vigorosa y constantemente en tensión, como si fuesen a disparar su energía en un momento dado. Para Miguel Angel no existe la gracia, sólo existe la fuerza: las figuras de mujer que reproduce parecen retratos de mujeres atletas, llenas de vigor y de formas rebosantes. El Juicio Final, la pintura más famosa de todos los siglos, cubre todo el fondo, el testero de la capilla. En el centro se ve la figura de Cristo que, con la mano levantada parece aniquilar a los réprobos, en tanto que la izquierda acoge con menos dureza a los justos. Y dentro de una arquitectura perfectamente construida, dominados por el ritmo musical de una salvaje sinfonía, se agrupan los millares de seres que palpitan en esta obra genial. Cada cuerpo, cada brazo, cada cabeza, ha sido estudiado en una forma precisa. Puede tomarse un pequeño fragmento y se creerá que es un cuadro aislado, así de perfecta es su ejecución. Junto a estas grandes creaciones que revelan todo el genio de Miguel Angel, otras pequeñas pinturas, que se mencionan como suyas, resultan débiles en comparación, como si allí nos hubiese entregado la mitad de su ser: la otra mitad nos la dio en su escultura.
MIGUEL ANGEL. Este desnudo, perteneciente a los frescos que decoran el techo de la Capilla Sixtina, en el Vaticano, está fechado en 1510.
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